domingo, 25 de octubre de 2015

Ficha de lectura - Rodrigo Rebolledo

Referencia
(formato APA)
Durán, Coll, C., Barberá, E., & Onrubia, J. (2000). La atención a la diversidad en las prácticas de evaluación. Infancia y aprendizaje, 23(90), 111-132.

Síntesis y principales conclusiones:





En el texto los autores comienzan hablando sobre la relación existente entre la enseñanza, los procesos de aprendizaje y la evaluación, señalando que ésta no es un proceso a parte del aprendizaje como comúnmente se cree, para luego señalar que una transformación en las formas pedagógicas también va ligada a una transformación en forma de evaluar dicho aprendizaje

En este sentido explicitan que su tesis es que entre las distintas medidas que se ponen en marcha en los centros educativos y en las aulas para hacerse cargo de la diversidad (incluyendo intereses y motivaciones), las medidas relativas a la evaluación del aprendizaje de los estudiantes deben ocupar un lugar destacado, lo cual está estrechamente ligado con lo dicho anteriormente. Luego, el texto se divide en tres apartados.

En el primer apartado se habla sobre la relación entre enseñanza, aprendizaje y evaluación, haciendo especial énfasis en ésta última. Los autores señalan que la evaluación corresponde a un juicio de valor respecto a las consecuencias de una actividad que consta de dos partes: Se valora “algo” (contenidos, por ejemplo) y se valora “para algo” (cual es la importancia de aprender dichos contenidos). De esta forma se cuestionan las evaluaciones como sistema de redición de cuentas (Accountability) y control social, más que una evaluación inserta e integrada en el aprendizaje. Además se delimita los diferentes tipos de evaluación: Evaluación formativa (retroalimentación para fines pedagógicos adaptativos del docente), Evaluación formadora (con fines autoregulatorios para el alumnado), Evaluación sumativa (Con fines de verificación final de lo aprendido), Evaluación sumativa acreditativa (Con fines de certificación institucional).

En el segundo apartado se habla de las culturas en torno a la evaluación. Cultura del test de carácter más clásico, con bases conductistas y enfoque cuantitativo, y una cultura opuesta, más diversa, cualitativa, de enfoque constructivista. Además, a la base de la forma de evaluar se encuentra una concepción del alumno. En la “cultura del test” se asume como normal una diferencia natural en los procesos de aprendizajes, siendo inevitable que un porcentaje falle. Estas se han definido como una concepción ‘estática’ de las diferencias individuales y una estrategia ‘selectiva’ de respuesta educativa a esas diferencias. Una concepción alternativa a esto plantea la idea de que las capacidades son variables en cierto margen. Es una perspectiva interaccionista la cual representa la perspectiva adaptativa. De acuerdo con esta estrategia, el instrumento básico para proporcionar una atención educativa a las diferencias individuales debe ser la adaptación, contemplada de una forma habitual y sistemática, de las formas de enseñanza a las características y al proceso de aprendizaje del alumnado.

Finalmente, en el tercer apartado, se propone una delimitación conceptual de los elementos que constituyen la evaluación, buscando una desambiguación que permita moldear las evaluaciones con fines transformadores. Aquí no se postulan visiones universales de cómo debería ser una evaluación inclusiva y adaptativa, sino más bien se da una pauta con la cual trabajar. Estos conceptos serían, muy brevemente, los siguientes:

-Enfoque de evaluación: ideas y creencias sobre la evaluación misma. Lo que se cree acerca de “por qué evaluar”, “para qué evaluar”, “qué evaluar”, etc.
-Programa de evaluación: Situaciones o actividades que despliegan el profesor y alumnos en un contexto evaluativo. Relacionado con la posición, formal y temporal que ocupan las evaluaciones en el proceso de aprendizaje.
-Situaciones o actividades de evaluación: Planificación real de las actividades evaluativas, todo lo que involucra el aspecto más allá de la tarea en sí.
-Tareas de evaluación: tareas, prueba, trabajos en sí, que serán los instrumentos de evaluación.

Finalmente, los autores consideran la complejidad de las evaluaciones y que ésta complejidad está ligada a la complejidad del proceso educativo en sí. Además reiteran la idea que la evaluación constituye un elemento primordial para la generación de una enseñanza inclusiva y adaptativa.
Breve comentario:




Resulta fundamental apropiarse del concepto de evaluación, que muchas veces suele obviarse, ya sea manteniéndolo sin modificación por ser un recurso “ineludible” de la labor educativa formal, o trasladándose al otro extremo de no evaluar los procesos educativos por considerarlos como algo nocivo para el aprendizaje. De esta forma, el texto nos permite recuperar y resignificar de alguna forma el concepto de evaluación como algo que está intrínsecamente ligado al aprendizaje, y que resulta necesario transformar la concepción que se tiene de éste para lograr un cambio inclusivo en la educación.
Citas textuales:
(útiles para ser recogidas en informes y publicaciones)







 “en la educación infantil, primaria y secundaria obligatoria las prácticas de evaluación deberían estar básicamente orientadas —más aún si cabe que en otros niveles educati- vos— a proporcionar informaciones útiles y relevantes para tomar decisiones de tipo pedagógico y didáctico que faciliten la adaptación de la enseñanza a la diversidad de capacidades, intereses y motivaciones del alumnado.” (p.117)

“Finalmente, la evaluación sumativa acreditativa debería posponerse al término de la educación obligatoria, rechazando contundentemente la utilización, en el transcurso de la misma, de los resultados de este tipo de evaluación para tomar decisiones concretas de certificación y acreditación de los alumnos” (p.118)

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