Desde el paradigma social basado en la perspectiva de derechos se entiende a las personas sordas como sujetos de derechos que deben ser respetados. Teniendo en cuenta que la sociedad es la que genera la discapacidad al no disponer de condiciones sociales y materiales que permitan el desenvolvimiento de las personas discapacitadas, podemos decir que se hace necesario un cambio cultural profundo acompañado de políticas públicas que apunten hacia la real inclusión de todos los sujetos.
En el caso de los sordos, actualmente sigue existiendo una imposición del monolingüismo enseñando una lengua única en las escuelas sin considerar el lenguaje de señas que permite una mejor comunicación entre las personas sordas y un medio de comunicación entre sordos y no-sordos. Además este lenguaje es una forma de manejo conceptual muy interesante que permite hablar con ideas más que con palabras literales, lo cual potencia el desarrollo de otras habilidades, además de permitir ponerse en otro punto de vista y valorar el mundo desde allí.
Por otra parte, también se señala que no hay problemas de aprendizaje por parte de los niños sordos, sino que hay problema de enseñanza de los profesores. Esta idea resulta radical, ya que nos permite salirnos de la “norma” y de una concepción que apunta a seleccionar la diferencia y aislarla, pasando a una idea de inclusión y de mecanismos de apoyo que permitan y potencien el desarrollo de todos según sus diversas capacidades.
Un reflexión importante en torno a las distintas deficiencias es cómo estas son concebidas y finalmente incorporadas (o no) a los distintos aspectos de la vida cotidiana. Algo que nos parece tan cotidiano y sencillo como lo es desplazarnos, resulta ser bastante tortuoso en caso de poseer alguna discapacidad perceptiva (ceguera o sordera) o física (movilidad reducida). Esto debido a que la ciudad, incluyendo los lugares de estudio como la universidad, están pensados y realizados sin tener en su concepción primigenia las distintas visiones de personas que tienen distintas necesidades especiales. Esto que resulta tan elemental, no lo es tanto considerando como está construido el espacio físico, y resulta peor aun cuando consideramos el “espacio de estudio”, es decir, desde la sala de clases, hasta los materiales que existen disponibles para apoyar, facilitar y finalmente permitir el desempeño óptimo de estudiantes sordos, ciegos, con movilidad reducida, etc. Sumado a lo anterior también se encuentra la falta de cultura respecto a este tema, generando conductas mayoritariamente asistencialistas de parte del resto de la comunidad educativa en el mejor de los casos, impidiendo una relación auténtica entre la totalidad y diversidad de estudiantes y profesores.
Por otra parte nos resulta necesario problematizar el alcance de la inclusión de estudiantes sordos, ciegos, con movilidad reducida, etc en la universidad, ya que a pesar del valorable avance y disposición en esta materia por parte de la institución, también resulta necesario generar propuestas a nivel de sociedad para que dichos estudiantes puedan realmente ejercer y aplicar los conocimientos que han adquirido en las universidades o instituto a las cuales con mucho esfuerzo han podido integrarse, y con no pocas dificultades han logrado completar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario