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Referencia
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Contreras, P. & Corbalán, F. (2010) “¿Qué podemos esperar de la
ley SEP?" Revista Docencia 41
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Síntesis y
principales conclusiones:
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El texto
comienza realizando una breve descripción del fin que persigue la ley de Subvención
Escolar Preferencial (SEP), esto es, lograr mejorar la educación por la vía
de la competencia, pues la distribución de fondos de forma pareja provocaría
que los estudiantes más “complejos”, es decir, más costosos de educar,
estarían en desventaja pues simplemente no serían seleccionado por los
establecimiento. De esta forma la ley SEP estaría basada en lógicas de
mercado para buscar la mejora en la educación apuntando básicamente a tres
objetivos: a) Participación
de las escuelas en un sistema de clasificación, incentivos y sanciones
ligados a resultados educativos, la clasificación resulta un eje fundamental
y se lleva a cabo principalmente con el SIMCE; b) Formulación de planes de
mejoramiento locales, de cuatro años, orientados al incremento del desempeño
académico de los alumnos, el cual sería formulado de acuerdo a la
clasificación obtenida por el establecimiento c) Accountability del sostenedor respecto de procesos, gastos y
resultados de cada escuela, ante el Mineduc y la comunidad escolar, lo cual
implica una vigilancia constante y centralizada sumado a una permanente presión
y falta de autonomía real; d) Apoyo pedagógico y administrativo por parte de
Asistencia Técnica Educativa (ATE).
Luego de la introducción a ley SEP, el texto se
refiere a la evidencia internacional acerca de lo sefectos de políticas
semejantes a la SEP. De esta forma se expone un panorama que ya ha sido
estudiado como poco propicio para la educación y el aprendizaje. En este
sentido podemos ver que “Para Apple (2007), el efecto concreto de estas
políticas es una transformación de la cultura escolar hacia una cultura de
auditoría” (Contreras & Corbalán, 2010) en donde se propicia una “necesidad
constante de producir evidencia que muestre que se están haciendo cosas de
forma eficiente y en la dirección correcta. La rendición de cuentas opera
como un dispositivo de vigilancia que enseña a cumplir y presionar a otros
para el cumplimiento de la tarea” (Contreras & Corbalán, 2010) Por otra
parte también sucede que “la identidad profesional se redefine a partir de
los principios de la nueva gestión pública, lo que implicaría la entrada de
un nuevo conjunto de valores y un nuevo comportamiento moral, más cercano a
una ética empresarial que al tradicional ethos del profesor (Gewirtz &
Ball, 2000; Whitty, Power & Halpin, 1999; Citado en Contreras &
Corbalán, 2010).
Otros elementos problemáticos son la falsa
autonomía con las cuales contarían las instituciones, pues su actuar resulta
en la practica, completamente encausado por el curriculum y las pruebas
estandarizadas que funcionarían como un medidor de eficacia, también se
incurre en una privatización encubierta producto del cierre de
establecimiento que no hayan podido recuperarse de la situación precaria en
la que se encuentran. Finalmente se observa que “la evidencia internacional
indica que las pruebas extensa de medición no mejoran efectivamente los
aprendizajes” y se concluiría con una desprofesionalización y pérdida de
autonomía en los docentes, pues este se convierte en un mero operador o
técnico de la enseñanza dado a una serie de técnicas que debe manejar,
enseñándoseles solamente a ser eficientes produciendo estrés, desmotivación y
alienación en su labor.
Finalmente,
en el panorama nacional se puede observar que la experiencia internacional ha
ido siendo ratificada (Inzunza, Corbalán & Contreras, 2010; Assaél,
Redondo & Sisto, 2010), de esta forma se estaría adoptando una medida que
ya se sabe que tienes serias problemáticas en otros países donde ha sido
aplicada. Dos ejemplos de esta situación en Chile son la excesiva
estandarización del trabajo docente, llegando incluso a estandarizar las
planificaciones clase a clase y la asociación entre el rendimiento del SIMCE
con una serie de consecuencia que estarían ligada a una clasificación del
establecimiento y de los aprendizajes de los estudiantes, que como se ha
señalado en numerosas ocasiones, no refleja un aprendizaje real.
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Breve
comentario:
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Resulta muy
(tristemente) llamativo que se pasen por alto en la formulación de leyes para
la educación experiencias de otros países que ya han mostrado serias problemáticas
en su aplicación. Finalmente resulta patente el sentido ideológico de la ley
SEP, pues busca realzar el mercado y la competencia para enfrentar un problema
social importantísimo que si se aborda con una óptica mercantil, termina
sumiendo a las futuras generaciones en un circulo vicioso de burocracia,
competencia e individualismo.
Por otra parte parece relevante destacar la
progresiva centralización y vigilancia (a modo de un panóptico) que genera
una mentalidad de gobierno permanente, una alienación frente al diagnóstico y
solución de los problemas locales de la educación
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Citas
textuales:
(útiles
para ser recogidas en informes y publicaciones)
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En esta cultura de auditoría
se generaría una re-centralización masiva y un proceso de
des-democratización, creándose una autonomía distorsionada: los actores
escolares son responsables en la medida que las consecuencias de los
resultados repercuten sobre ellos (castigos o incentivos), pero cuentan con
escaso margen real para decidir democráticamente el tipo de educación que
ellos desean desarrollar (Apple, 1999, 2007; Contreras, 1999) (p. 9)
En este contexto, no podemos esperar que se
genere autonomía local, diversidad educativa ni igualdad de oportunidades.
Tampoco que mejoren efectivamente los aprendizajes de los alumnos, aun cuando
sí aumenten los puntajes en el SIMCE, tal como ha ocurrido en otros países (p.
12)
Las evaluaciones externas se han multiplicado,
quedando en entredicho la validez o utilidad de las evaluaciones hechas por los
propios docentes. Son utilizadas por la ATE o el sostenedor para monitorear a
la escuela y tomar decisiones en materia de gestión, pero no necesariamente
para retroalimentar las prácticas pedagógicas (p. 12)
Se presiona al
docente a cumplir con requerimientos externos, lo que puede no traducirse en
un cambio en sus prácticas pedagógicas, que apunte hacia una mejora de los
aprendizajes de los alumnos (p. 12)
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